La historia de la farmacovigilancia comenzó hace 173 años, el 29 de enero de 1848, cuando la joven Hannah Greener del norte de Inglaterra murió después de recibir anestesia con cloroformo antes de que le intervinieran una uña infectada. Se investigaron las causas de la muerte de Hannah para comprender qué le sucedió, pero fue imposible identificar qué la mató. Probablemente murió de una arritmia letal o de una aspiración pulmonar.

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