Este año hay más motivos para la reivindicación feminista que el pasado 8M. La crisis sanitaria ha agravado las desigualdades: falta de conciliación, mayor desamparo de mujeres maltratadas… Los cuidados siguen recayendo especialmente en las mujeres que se han visto obligadas a renunciar a parte de su actividad profesional o a abarcar más de lo tolerable, haciéndose cargo de hijos, padres y personas dependientes, lo que ha contribuido a incrementar la desigualdad preexistente.

Hay una necesidad urgente de implementar medidas por la igualdad, y esto debería ser lo nuclear del 8M. Pero no. Tras las manifestaciones del año pasado el protagonismo se lo han llevado las especulaciones acerca de la influencia del 8M en la explosión de casos de COVID-19 en España.

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