Cuando era pequeña y rezaba antes de dormir «por si acaso había dios» aprovechaba para pedirle siempre la misma retahíla de cosas. Una de ellas era que ningún niño pasase hambre. Al estudiar en un colegio religioso en el que muchas de mis maestras habían sido misioneras y con frecuencia nos relataban las penurias por las que muchos niños tenían que pasar, yo estaba totalmente convencida de que ese era el mayor problema del mundo, y que por mucho que los adultos me explicasen las causas por las que un niño podía pasar hambre, yo no las entendía. Me hablaban de razones políticas y económicas, y yo pensaba que eso eran cosas impostadas y que estabas obligado a vivir según sus normas, no sabía muy bien por qué. No me parecía muy diferente a esa religión en la que tenía que rezar con palabras no pensadas por mí, en lugar de cómo y cuándo yo lo necesitase. Cosas de niños.

En mi casa había un libro grande, de tapa dura y lomo negro llamado FUTURO, escrito así en mayúsculas y en blanco. En ese libro decían que aunque llegásemos a triplicar la población mundial, en el futuro se resolvería el problema de la escasez de alimentos y con ello el hambre. Es un libro editado en 1975. En las primeras páginas resolvían de un plumazo ese problema, y no sólo eso, sino que la agricultura que se practicaba, tan poco ecológica –según el autor del libro- por invasiva, también cambiaría, y empezaríamos a sintetizar alimentos como la leche o las patatas en los laboratorios. Pues bien, ya estamos en el futuro, en 2015, y sí, producimos alimentos como para poder alimentar a todo el mundo. No de forma poco invasiva, y de hecho a veces parece que se quiere volver al pasado con eso que muchas veces mal llamamos «agricultura ecológica». Aun así, pese a la abundancia, sigue habiendo hambre.

El verdadero problema del futuro que plantea este libro de 1975 es la propia agricultura, esa que según el autor nos destroza el paisaje, pero a la que nos hemos acostumbrado tanto que, por ser mayoritariamente de color verde, nos parece que pertenece al mundo de lo natural, de lo ajeno al hombre, algo incluso ecológico.

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Os dejo con unos fragmentos escogidos de este libro llamado FUTURO con el objeto de reflexionar acerca de qué nos parecía la agricultura ecológica del futuro y la comparemos con lo que tenemos ahora, en el futuro de verdad:

«Con la agricultura trasplantada a la fitofactoría y la ganadería al silo de engorde, la explotación sistemática del mar y los alimentos sintéticos –todo ello a escala mundial- el mundo se pondrá también un traje nuevo: incluso con 15 000 millones de personas, la Tierra tendrá un aspecto mucho más hermoso que el actual. Hasta ahora la producción de alimentos tenía lugar precisamente donde el mundo mostraba una belleza más variada. El arado y el rastrillo robaron sin cesar nuevas zonas de la Tierra, borrando multitud de formas naturales sustituidas ahora por el monótono tapiz cuadriculado de sembradíos que no se pueden pisar. Los nuevos métodos de producción industrial de alimentos presentan por primera vez un modo de no destruir más e incluso, tal vez, de revirginizar ese paisaje prostituido por los estómagos. Porque acabarán a la corta o a la larga con la drástica reducción de esta agricultura actual que nos despoja de la naturaleza. (…)

Aun suponiendo que en sesenta o setenta años haya tres veces más humanos que hoy día, como obtendrán ya tres cuartas partes de su alimentación de las nuevas fábricas y solo una cuarta parte de una agricultura convencional (pero con una duplicación de su rendimiento), podríamos devolver de todas maneras el 60% de la tierra bajo cultivo a su prístino origen. (…)

Dotar a estas zonas recuperables de una naturaleza riquísima en belleza y colorido constituiría la grande y fascinadora misión de los ecólogos del mañana. Como resultado final nos quedará una naturaleza variada y selvática en la que todo el mundo podrá pasar considerable parte de su vida admirando sus bellezas. Y desaparecerán las huellas de la antigua actividad humana –caminos, carreteras, dehesas, granjas y graneros.

Adornará de nuevo nuestra Tierra una tremenda variedad de plantas y animales, vigilada posiblemente por sensores ocultos en el suelo. Modificada también, no es imposible, por obra de métodos creados por el hombre. Pero de todas maneras en un buscado medio primitivo capaz de devolver al hombre un tesoro casi perdido: la naturaleza».

P.D.:

Bienvenido Marty McFly.

Suerte en tu nuevo futuro, Rebún.

¡Feliz cumpleaños, mamá!

Texto e ilustraciones de Günter Radtke extraídas de Zukunft (Futuro), de Ulrich Schippke, 1975.