Siento la necesidad de daros las gracias por este pequeño gran triunfo. Llegar a la final como mejor blog de Ciencia, e incluso estar en la lista de mejor blog del público sin haberlo pedido, de unos premios en los que la votación es popular, no sólo me enorgullece como profesional y como persona, sino que me enorgullece más allá de mi horizonte. Siento un orgullo y una gratitud que extrapolo a cada una de las personas que empleó parte de su tiempo en votar y promover una labor un tanto peculiar. O eso pensaba yo, que lo peculiar de todo esto convertiría a este trabajo en una extravagancia para minorías. Qué equivocada estaba.

En este blog hay dos temas. Uno es más funcional y menos original, que son esas encubiertas lecciones de química y física básica que a veces nos ayudan a discernir entre qué es publicidad y qué es ciencia, otras veces a saber qué es eso de la quimiofobia y otras parafernalias que abusan y promueven el desconocimiento, o a saber que hasta la morriña que me produce estar alejada del mar la puedo llamar dimetilsulfuro. Ese aprendizaje básico que hemos dejado olvidado en aquellas horas de instituto y que parecía no tener cabida más allá de las paredes del aula. Todos esos conocimientos, una vez integrados en nuestra vida cotidiana, nos convierten en personas capaces, libres de elegir, con el poder de tomar decisiones justas e íntegras. El conocimiento es lo que nos protege del engaño, lo que nos permite sortear un mayor número de errores, lo que nos facilita el día a día, lo que nos hace felices, libres y responsables.

El segundo tema, el más peculiar y el más presente en este blog, es la Ciencia del Arte, o lo que yo me atrevo a llamar Artesanía, con mayúsculas. Cómo la Ciencia ha posibilitado la síntesis de pigmentos, el tratamiento de lienzos, de superficies, el moldeo de materiales y, aún más importante, cómo en toda su complejidad la Ciencia ha dotado de insospechadas capas de lectura e interpretaciones imperecederas a obras plásticas y hasta literarias. Desde las esculturas de bronce, hasta la fotografía, hasta greguerías y poemas cuyas metáforas no existirían sin la Ciencia, hasta obras monocromas que gracias a la Ciencia brillan con la potencia de todos los colores. La Ciencia nos hace dignos espectadores, el Arte nos despierta de ese letargo numérico y objetivista, y en su conjunto dota de elegancia a nuestras pasiones.

Esta cosa mía, esta supuesta extravagancia, es la que ha sido valorada, por la que he recibido más felicitaciones y muestras de gratitud. Y esto me hace pensar que el mensaje último que envío con todo este trabajo no es algo ni minoritario ni especial. Por eso mi orgullo atraviesa mi horizonte. Sé que la Ciencia es Cultura, que no hay vida si trazamos una línea divisoria infranqueable, que allí sólo habita la supervivencia, el vivir sólo por permanecer vivo. La vida de verdad, la que siente y piensa y se retuerce, necesita de la Ciencia y de la Cultura, de esa mezcla homogénea que hemos tratado de separar en sus partes y que ahora sabemos que no son las dos caras de nuestra naturaleza humana, sino que conforman la exquisita mezcla que nos define.

Gracias a cada uno de vosotros.