El 11 de febrero es el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el 11F. Alrededor de este día se llevan a cabo un gran número de actividades dedicadas a este tema. Durante el mes de febrero la actividad es frenética. Yo misma he organizado y he participado en este tipo de actividades, incluso antes de que a este día se le pusiese nombre. Cuando trabajaba como profesora de secundaria y bachillerato, también organicé actividades de la misma naturaleza: charlas y debates dirigidas a estudiantes, y mesas redondas de adultos dirigidas a adultos.

El número de actividades relacionadas con la mujer y la ciencia no ha dejado de crecer. Y eso es algo positivo. No obstante, me he encontrado con enfoques con los que no comulgo en absoluto y creo que es necesario señalarlos. Por ese motivo escribí el artículo «Mamá, no quiero ser científica».

He rechazado participar en actividades dirigidas a niñas que pretenden animarlas a estudiar carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Animarlas o despertar sus vocaciones en sentido literal. Me refiero a actividades en las que explícitamente se insta a niñas a estudiar carreras STEM bajo la presunción de que estas carreras son mejores que las demás. Se presenta como un problema que las niñas no quieran ser ingenieras. Y se presenta como un problema que las niñas quieran estudiar ciencias si estas son ciencias de la salud. La razón que aluden estas personas es que las ciencias de la salud perpetúan el rol femenino del cuidado, como si esto fuese intrínsecamente malo.

Quienes trabajamos en esto somos conscientes de que este tipo de enfoques existen, y no podemos hacer como que no por el bien de la imagen del 11F.

Por eso el mensaje que trato de transmitir a las niñas es que escojan libremente. No quiero que haya más niñas estudiando ciencias, sino más mujeres libres. No les digo que escojan carreras STEM, les digo que hagan lo que les dé la gana. Muchas actividades relacionadas con el 11F comparten este punto de vista: animar a las niñas a elegir con libertad.

Las animamos a elegir con libertad porque sabemos que no todas y no siempre son libres. En el artículo original apunto los problemas más habituales a los que se enfrentan las niñas que carecen de esa libertad en sus vidas: padres que no quieren que sus hijas ejerzan trabajos tradicionalmente masculinos, personas que minusvaloran las capacidades de las mujeres, niñas con un injusto concepto de sí mismas. Hay más.

Que las niñas elijan con más libertad no implica que se matriculen más en carreras STEM. Que pasemos de un 20% de matriculadas en ingeniería informática a un 50%. La finalidad no es que haya más ingenieras. Pero para algunos sí, y lo sabemos. Estos mensajes se cuelan en el discurso cada vez con más frecuencia. Falta reflexión y preparación entre algunos de los que participan en este tipo de actividades. Porque por el hecho de ser científica o divulgadora, no naces sabiendo las implicaciones de tu discurso. Tienes que pararte a pensar más y mejor, y sobre todo, leer sobre ello.

Cuando se anima a las niñas a estudiar carreras tradicionalmente masculinas y a rechazar carreras tradicionalmente femeninas les estamos diciendo que ellas escogen mal y que ellos escogen bien. Hay un trasfondo machista en este tipo de mensajes. Eso es lo que me gustaría erradicar y es el núcleo del artículo que publiqué hace días. Quienes participamos en esto, sabemos que a veces ocurre. No miremos hacia otro lado.

 

  • Visibilización de la mujer y justicia

Reitero lo que escribí en el artículo anterior: no sabemos hasta qué punto será efectivo mostrar referentes femeninos para que la elección de ciertas carreras se normalice. En el informe de la ONU se habla de intenciones, no de hechos. Nuestro sentido común, nuestra intuición, nos dice que cuantos más referentes, mejor. Pero la realidad científica del asunto es que no sabemos con certeza  si los referentes femeninos influirán en mayor medida que los masculinos.

Mostrar referentes femeninos es positivo si el fin último es que la elección de las niñas sea libre, no si el fin es que escojan carreras tradicionalmente masculinas. Por eso no me preocupa que pasado un tiempo no suba el porcentaje de mujeres ingenieras como consecuencia de estas campañas de visibilización. No me preocupa porque esa no es la meta de todo esto. De hecho, en países más igualitarios, no hay más niñas que se decanten por carreras STEM. No es que las niñas estén mal de serie, es que cuando actúan con libertad, escogen así, y está bien.

Otro de los objetivos de estas campañas es simbólico. Para mí es el más importante de todos. Visibilizar a las mujeres de la ciencia es un ejercicio de justicia. Sabemos que han sido opacadas, y es de justicia iluminarlas como merecen. Que algo no sea útil, en el sentido de que no cambie las cifras, no implica que sea menos importante. En este caso ocurre todo lo contrario: para mí es lo más importante de todo.

  • Me disfracé de chica cósmica, ni de Marie Curie ni de Emilia Pardo Bazán

En la última parte del artículo original cambié el estilo y cambié la persona. El texto está escrito de forma más directa, desenfadada y frívola. También está escrito en segunda persona del singular. Al estilo Emilia Pardo Bazán, retranca incluida. Lo menciono porque me consta que algunos lectores lo pasaron por alto.

En esta última parte que titulé «Chica, haz lo que te dé la gana» recreo la ficción en la que me dirijo a una niña que hubiese estado en una actividad del 11F en la que se le acusase veladamente de escoger mal, de ser un estereotipo, de no ser libre. En la que se le acusase de jugar mal y de disfrazarse mal.

Porque no podemos culpabilizar a las niñas que escogen estudiar carreras tradicionalmente femeninas. Ni podemos culpabilizarlas por jugar a Barbie o disfrazarse de princesas. Que si tenemos un problema con que las niñas hagan eso -yo no lo tengo- en todo caso es problema de los adultos, no de las niñas.

Y lo que desde luego no podemos decirles que es mejor jugar con robots que con Barbies, o que disfrazarse de pirata es mejor que disfrazarse de princesa. Porque esto es machista. Asumir que son mejores los juegos tradicionalmente masculinos que los tradicionalmente femeninos, es machista. En el artículo original lo escribí con más elegancia y sentido del humor, pero por si no se entendió bien, aquí queda escrito.

Las mujeres de mi generación (1984) recordarán que su Barbie favorita era la Barbie mil peinados. Barbie no es el problema. De hecho, Barbie vino a sustituir a los muñecos bebés, porque las niñas no solo queremos jugar a ser mamás, que también, pero no sólo. La Barbie es una mujer joven, independiente, con su casa, su trabajo, su coche, su vida. Las Barbies contemporáneas tienen diferentes fisionomías y trabajos de todo tipo. Ken era el personaje secundario, si es que tenías un Ken, que la verdad es que poco pintaba. Pero esto no es lo que piensan las niñas, sino lo que pensamos los adultos. Las niñas piensan que Barbie es glamurosa, o que es guay, o como se quiera llamar, y por eso la prefieren.

Las princesas Disney ya no son lo que fueron. Hace años que han dejado de ser mujeres desvalidas que necesitan que un príncipe las rescate. Pienso en Elsa de Frozen, en Vaiana o en Brave. Las niñas quieren disfrazarse de ellas porque molan. Complacen a las niñas y complacen a los adultos que se preocupan por los estereotipos de género, cosa que a las niñas les da igual. Pero bueno, al final somos los adultos los que compramos los disfraces, por eso también nos los tienen que vender a nosotros.

De niña no me habría disfrazado de Marie Curie ni de Emilia Pardo Bazán. No me parecían nada glamurosas, sino señoras de aspecto normal, que sí, que hacían cosas súper importantes, pero no como para disfrazarme de ellas. Por eso me disfracé de chica cósmica, de luna y de sol, porque lo divertido es llevar cosas brillantes, llamativas y diferentes a las que llevaría cualquier otro día. Quizá un disfraz de Marie Curie radiactiva lo hubiese sopesado como opción.

El concepto de que un personaje no sea glamuroso significa que no se ha mostrado como un personaje con encanto sofisticado, con suficiente atractivo. Las muñecas de Marie Curie, los cómics, los libros con ilustraciones preciosas de mujeres científicas, hacen que estas mujeres sean atractivas para los niños. Las mostramos como personajes glamurosos. Y está bien hacerlo así. Conocemos las reglas del juego y jugamos a él.

Las princesas Disney podrían ser cualquier personaje histórico real. Pero es que Disney sabe hacer que molen y que a los niños les guste disfrazarse de ellas. Se intenta hacer lo mismo con las ilustraciones y las muñecas de Marie Curie y de otras tantas mujeres relevantes. Complacemos a los niños y creamos un producto que también quieren los adultos. Es perfecto.

  • Conclusiones
  1. Las actividades del 11F deberían promover la libertad de elección de las niñas.
  2. Las actividades del 11F deberían mitigar los obstáculos que impiden a las niñas elegir con libertad.
  3. Las actividades del 11F no deberían sugerir que las carreras STEM tradicionalmente masculinas son mejores que las tradicionalmente femeninas.
  4. Las ingenierías son las carreras en las que las mujeres están más infrarrepresentadas. No obstante, las actividades del 11F no deberían pretender que más niñas estudien ingenierías.
  5. Las niñas que escogen libremente estudiar carreras tradicionalmente femeninas no son estereotipos, ni eligen mal, ni su elección es menos importante.
  6. Deja que las niñas jueguen y se disfracen de lo que les dé la gana.
  7. Deja que las niñas estudien lo que les dé la gana.

Sabemos que hay actividades vinculadas al 11F que contradicen estos objetivos y que son intrínsecamente machistas. Eso es lo que denuncio. Podría haberme ahorrado las críticas y hacer la vista gorda. Pero chica, soy de las que hacen lo que les da la gana.