Hoy hace exactamente un año estaba subida en un avión para un viaje de trabajo. Llamé a mi hermano para felicitarle el cumpleaños justo antes de despegar. Estaba muerta de miedo. Los aeropuertos estaban casi vacíos. Unas semanas atrás no se sabía nada con certeza. La información que llegaba de China era, como de costumbre, opaca, contradictoria y poco fiable. Ya se había desatado la guerra entre los «no es para tanto» y los «sálvese quien pueda», ambos atizaban sin pudor a los «no se sabe lo suficiente», hasta que el virus llegó a Europa dejando claro que aquello era realmente grave.

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